sábado, 23 de mayo de 2009

HALITOSIS

HALITOSIS
Definición.

El mal aliento (halitosis), a pesar de ser un problema localizado en la boca, la halitosis tiene orí-genes diversos relacionados con alteraciones puntuales en otras partes del cuerpo.

Causas: La halitosis puede tener muchas causas, entre ellas:
Aunque muchas personas atribuyen el mal aliento a desórdenes de carácter digestivo o hepático, la realidad es que en la mayoría de los casos el origen del problema se halla en las sustancias producidas por bacterias que habitan en la boca o en la nariz.
• En su aspecto más pasajero y entre las causas más frecuentes del mal aliento está el hecho de haber comido alimentos muy aromáticos de sabores muy fuertes, como el ajo y la cebolla cruda, la col, el brócoli, pimientos y rábanos picantes, beber café o alcohol o fumar. También los huevos, la carne y el pescado contribuyen a potenciar el mal aliento, pero no causan la halitosis directamente.
• También puede deberse a una mala higiene dental. El 90 % de los casos de mal aliento obedecen a una causa oral. La boca más limpia tiene millones de bacterias potencialmente patógenas, que, si ha-llan las condiciones apropiadas para desarrollarse, descomponen las partículas de alimentos y otros residuos presentes en la boca, emitiendo sustancias malolientes como ácido sulfhídrico, metilmerv-sasptssno, dimetilsulfuro, cadaverina, escatol, índol. Tras la ingesta de alimentos es necesario rea-lizar una limpieza bucal. Cuando el cepillado de los dientes no se efectúa de forma inmediata o si se hace incorrectamente, quedan en la boca partículas (los restos de comida en descomposición) que se depositan en las cavidades dentales que son utilizadas por las bacterias que normalmente se encuen-tran en la cavidad bucal, produciendo compuestos sulfonados que expelen mal olor. En este caso par-ticular, no sólo provocan mal aliento, sino que además producen unas toxinas que irritan las encías y pueden ser causa de la piorrea. La solución pasa por un buen cepillado y el uso regular del hilo den-tal. En la mayoría de los casos la halitosis está causada por un cuidado deficiente de las encías que permite que pequeñas bolsas de infección sirvan de alimento para las bacterias que liberar gases no-civos. El olor de la comida que fermenta se combina, en los peores casos, con la carne en proceso de degradación. La caries es un proceso infeccioso que destruye paulatinamente el diente y que, como consecuencia produce mal aliento.
• Las infecciones bucales (infecciones periodontales y bucales (como aftas).- En la boca pueden apa-recer focos infecciosos como el provocado por el hongo Candida albicans o cuando existen proble-mas de hinchazón de las encías, caries dental.
• Las encías sangrantes son responsables de un olor característico: es la putrefacción de la sangre por la acción de determinadas bacterias anaeróbicas que actúan en ausencia del oxígeno del aire.
• También puede producirse en personas que comen poco o a deshoras, o incluso si hacen un tipo de dieta muy estricta (regímenes drásticos de adelgazamiento). Suelen ser personas que evitan o se “sal-tan” determinadas comidas, que comen rápido o simplemente no comen lo suficiente. El resultado es un mal aliento que persiste después de lavarse los dientes.
• Otro núcleo causante de la halitosis es la garganta. Siempre que hay una infección en ésta, puede haber mal olor causado por bacterias y pus. Hasta que no se elimine la infección el olor persistirá, aunque se puede aliviar con enjuages orales, el tratamiento de la enfermedad deberá poner punto y final a la halitosis.
• También son origen de la halitosis los problemas de estómago.- Pues los gases producidos en él pueden volver hacia arriba y provocar mal olor. Cuando el origen es una mala digestión o problemas en el funcionamiento del hígado (por ejemplo la cirrosis o inflamación crónica de este órgano), el aliento toma un fuerte olor denominado aliento cetónico. El remedio no es otro que tomar antiácidos o una solución neutralizante.
• Es un error creer que la boca es la única culpable. Múltiples órganos, incluso aquellos que a primera vista no están ligados con la boca- por ejemplo los pulmones cuando sufren una infección anaeróbica – están vinculadas con la aparición de la molestia. Por ejemplo hay enfermedades que resecan la bo-ca, al igual que recibir radiaciones con fines médicos. Y también ciertos medicamentos y cánceres producen mal aliento.

 Con una digestión lenta puede quedar comida en el estómago, donde la acción bacteriana es poco probable, pero sí produce cierto grado de fermentación. El gas producido puede salir por el esófago y, en raras ocasiones, causar halitosis. Lo más frecuente es que los pulmones eliminen los gases no-civos que han quedado absorbidos en la corriente sanguínea, como resulta obvio cuando se puede oler el ajo en el aliento al cabo de muchas horas de haberlo ingerido. La presencia de bacterias o le-vadura perjudiciales, como la Cándida, que producen gas como parte de su metabolismo, puede pro-vocar halitosis. De igual manera las enzimas también pueden causar halitosis.
• Úlcera de estómago. El que las funciones digestivas y hepáticas no son las más correctas. Una perso-na puede sentir un mal sabor de boca sin que ello produzca mal aliento: la causa puede ser psicológi-ca o metabólica. El aliento puede reflejar de forma precisa una serie de procesos metabólicos que se dan en el cuerpo: las afecciones en los pulmones, el hígado, los riñones y la sangre pueden estar re-presentados por alientos característicos. Puede ser un trastorno suave y temporal como algo más se-vero y duradero
• A la poca producción de saliva (por eso el aliento es a menudo desagradable a primera hora de la mañana.) Puede ocurrir que, al despertar por la mañana, tengamos la sensación de mal aliento. En es-te caso, la explicación es muy sencilla. Mientras dormimos, las glándulas que producen saliva des-cansan, por lo que la cantidad de humedad en nuestra boca es la mínima, insuficiente para arrastrar los restos de comida que pueden quedar incluso después de un buen cepillado. De todos modos, este es un problema pasajero que e eliminará con el desayuno y la posterior higiene bucal.
• El origen de la sequedad de boca también va asociado al olor debido al hambre. Surge de la putrefacción de los jugos pancreáticos, que pasan al estómago durante el periodo de ayuno o se nota particularmente cuando se omiten los alimentos de la mañana.
• Igualmente provoca mal aliento el reflujo de los contenidos estomacales al esófago.
• El ácido gástrico se compone de ácido clorhídrico al 5 %, no ataca las células de la propia mucosa estomacal pero mata las bacterias que producen fermentaciones y descomposición. Pues bien, cuando existe poco ácido clorhídrico aparecen las fer-mentaciones con formación de gases y mal aliento. En tal caso, la halitosis nos pue-de estar advirtiendo sobre un principio de úlcera de estómago.

• En las mujeres, el proceso de ovulación o la menstruación puede contribuir a la aparición de halitosis. Esto se debe al alza que experimentan los niveles de estrógenos durante este período.
• Otras enfermedades.- La halitosis es un síntoma, una señal de que algo anormal está sucediendo en nuestro cuerpo.
• Por ejemplo, puede servir para diagnosticar la causa de determinadas enfermedades como las bron-quitis, ya que alguna de ellas cursan con esta característica. Otro caso a destacar es el de la diabetes, puesto que esta enfermedad se asocia a un olor afrutado, mientras que un fuerte olor a queso puede ser síntoma de una infección de amígdalas. También puede ser debida a : estreñimiento, sinusitis, gastritis crónica (se caracteriza por un aliento ácido y el mal sabor de boca) Un sistema tóxico o el mal funcionamiento del hígado podrían ser las causas subyacentes de la halitosis

El mal aliento recuerda la presencia de otras afecciones como: la estomatitis (irritaciones bucaes), es-pecialmente las ulcero-necróticas; la candidiasis; la boca seca.

 En la milenaria Medicina Tradicional China se dice que las aguas estancadas se corrompen y que todo lo que se corrompe huele mal para indicar que el ser humano no es una excepción, y como el humo nos conduce al fuego, la halitosis nos señala que uno de nuestros órganos vitales se está co-rrompiendo. Un aliento desagradable pero dulzón señala un problema en el meridiano del Estómago, un aliento amargo dirige al del Hígado y el característico olor de la acetona al del Bazo-páncreas.

No hemos de encararla como si fuera un enemigo: la halitosis es ante todo un síntoma y como tal conlleva un mensaje que se debe interpretar. En estados muy graves de enfermedades hepáticas o re-nales, la halitosis puede ser de gran ayuda para que el médico afine su diagnóstico. Inflamaciones de la mucosa nasal, amigdalitis, sinusitis o bronquitis, se expresan por medio de halitosis. La menstrua-ción dolorosa provoca un aumento de estrógenos que dispara la escarificación de los tejidos que re-visten el organismo, incluidos los de la boca.

 Ver Rev. Vital nº 17, pág 44-47; “Halitosis, cuando el aliento desalienta”.



PSICOSOMÁTICA

El estrés o tensión nerviosa incide de manera decisiva en la aparición de la hali-tosis y, aunque no la provoque, contribuye a aumentarla. Tampoco debemos dejar que este incómodo trastorno nos inquiete o nos estrese demasiado, porque inconscientemen-te estaremos provocando el efecto contrario.

Los nuevos hábitos alimenticios de la vida moderna de las ciudades, la comida rápida, comer atosigadamente fuera de casa, en una cafetería o en la oficina, favorece la aparición de mal aliento en algunas personas.

También la angustia, los miedos, el sentimiento del fracaso o las dificultades vi-tales complican las digestiones... y el aliento.

Si comemos con tranquilidad y sosiego, con lentitud, saboreando y degustando todo lo que llevamos a nuestro estómago, nuestra digestión será mucho más satisfacto-ria. No es aconsejable comer durante las digestiones, porque no permite que estas se realicen con normalidad.

TRATAMIENTO HIGIENICO

• El tratamiento natural del mal aliento requiere ante todo eliminar su origen, así el primer paso para olvidarnos del mal aliento consistirá en determinar su causa y, si es posible, corregir el problema. Aún así se proponen algunos consejos:
a) Cepillarse los dientes y la lengua – también en su parte posterior- con pasta dental un mínimo de tres veces al día, después de cada comida.
b) Utilizar seda dental regularmente para eliminar los restos de comida.
c) Para reducir o eliminar el mal olor puedes utilizar enjuagues bucales, pastillas aro-matizadas o sprays, aunque su efecto sólo es temporal.
d) Evitar el azúcar.
e) Estimular la secreción de saliva como por ejemplo a través de los caramelos de men-ta – sin azúcar, bebiendo abundante agua.
f) El agua oxigenada diluida en una parte igual de agua templada. Si vamos a tener un encuentro estresante podemos mantener durante un minuto circulando por la boca una cucharadita de esta solución preparada un rato antes. El oxígeno que libera aca-bará con las bacterias responsables del olor.

• Acudir regularmente al dentista o al higienista dental puede ser suficiente. Ver la posibilidad de que existan pequeñas bolsas de infección y visitar al higienista dental 3 veces al año para una limpieza.
• Evitar utilizar enjuagues antisépticos, ya que además de los perjudiciales, también matan los gérmenes útiles, con lo que a la larga se fomenta el crecimiento de las bacterias perjudiciales.
• Aunque el lavado de los dientes con un dentífrico es un elemento muy importante en el control de la halitosis, no lo es todo, ya que una alimentación incorrecta (el con-sumo habitual y excesivo de alimentos ricos en proteínas y en grasas estimula la ha-litosis) y evidentemente el hábito de fumar, son algunos de los factores importantes a controlar.
• El bicarbotato sódico sirve para limpiar los dientes y la lengua.
• La predisposición constitucional a la halitosis es muy difícil de controlar por lo que el tratamiento deberá actuar con preferencia sobre la digestión, y controlando la di-eta.
• El palillo o mondadientes no es conveniente porque a la larga produce un ensan-chamiento de los espacios interdentales y facilita el depósito de residuos alimenti-cios. Es mejor el chorro de agua y el hilo de seda entre los dientes.

FITOTERAPIA

Son remedios naturales conocidos desde siempre para refrescar el aliento, mas-car semillas de anís verde, cardamomo y cilantro – que también ayudan en la diges-tión, evitando flatulencias, perejil fresco – en particular neutraliza el olor del ajo – menta, estragón, romero, tomillo, clavo, raíz de jengibre de alcaravea, corteza de nogal; zanahoria y apio impiden el desarrollo de la placa dental.

Si se quiere refrescar la boca se puede masticar menta piperita, albahaca o perejil fresco. Plantas para la halitosis son la alcaravea, eneldo, equinácea, hidrastis, canela en rama, el anís en grano, la alholva.

• También se pueden hacer infusiones de menta, salvia y ajenjo que sirven para com-batir el mal aliento y refrescar la boca.
• Tomar una tableta de clorofila.
• Hay productos naturales refrescantes preparados con estos ingredientes , incluida la clorofila, aceite de árbol de té, aceites esenciales varios – de menta, de semillas de perejil, de hinojo -, canela, cúrcuma, pimentón, alfalfa, acidophilus.

La halitosis causada por comidas fuertes o alcohol se enmascara masticando perejil y bebiendo una infusión de menta o de anís.

Tisanas.-
Un ejemplo de tisana depurativa-digestiva para el tratamiento de fondo de la halitosis es la formada por raíz de diente de león, hojas de alcachofa y hojas de menta. Para pre-pararla, mezclar estas plantas a partes iguales, y dosificar una cucharadita por taza de infusión. Se puede tomar después de las principales comidas.

Lavados bucales.-
Los lavados bucales ejercen un efecto limpiador y desodorante. Se puede preparar un lavado bucal con rizoma de tormentilla, frutos de eucalipto y hojas de menta. Coloca de cuatro a seis cucharaditas de la mezcla por taza en una decocción de 5 minutos, dejando reposar otros tantos. Se añaden dos cucharaditas de agua oxigenada y se realizan lavados bucales dos o tres veces al día, después de cepillarse los dientes. No sólo sirve la halitosis, sino que controla la fortaleza de las encí-as.
Diluir una cucharada de extracto líquido de árnica en un vaso de agua y utilizar esta dilución como enjuague 3 veces al día.

Pastillas.-.
Existen en el mercado pastillas elaboradas con aceites esenciales, y otras hechas a base de clorofila, que pareen tener un efecto regulador del mal aliento. Las pastillas de clorofila parecen neutralizar ciertos procesos metabólicos digestivos que favorecen la aparición de la halitosis, mientras que las formadas a base de aceites esenciales, conser-van el olor agradable de sus ingredientes y por otra parte pueden tener un notable efecto antiséptico.

También hay que tener en cuenta las plantas que sirven para tratar las infeccio-nes bucales, y que se pueden preparar en infusión para gargarismos como son: salvia, mirra, bistorta, tormentilla, clavo, menta, orégano.

• Aceite esencial de árbol de té (que es antiséptico, cicatrizante y bactericida). Se aplica directamente o en forma de enjuagues de una a tres veces al día utilizando dos gotas de aceite esencial cada vez.,

SUPLEMENTOS DIETETICOS

• Enzima pancreática + Suplemento de ácido clorhídrico + extracto de bacterias de yogur de buena calidad. Tomar la dosis máxima durante 3 semanas.
• Fermentos lácticos.- Disminuye el mal aliento y flatulencias causadas por las putre-facciones intestinales.
• Carbón vegetal.- para el mal aliento.

BIOSALES DE SCHÜSSLER

• Natrum muriaticum.- en mal aliento y acidez.

HOMEOPATIA

• Kalium phosphoricum para el mal aliento que se acompaña de una sensación de sabor amargo al despertar;
• Mercurius solubilis 6 si el sabor es metálico, se emplea dos veces al día durante 10 días. Si las causas son caries, gingivitis o amigdalitis.
• Nux Vomica cuando el mal aliento tiene un olor ácido
• Pulsatilla después de tomar alimentos grasos

VITAMINAS Y MINERALES

• Zinc: Tomar 350 Mg/Kg antes de acostarse.
• La vitamina C en forma de suplemento. (Si se es fumador hay que tomar más dosis, pues la nicotina destruye la vitamina C).

DIETETICA

Una dieta suficientemente equilibrada y nutritiva, suplementada de forma ade-cuada con vitaminas y minerales, supone un gran avance para la prevención y el trata-miento de muchas afecciones que contribuyen al mal aliento. Una persona sana y bien alimentada tiene un aliento limpio y dulce. En general, los alimentos complejos, como la mayoría de las carnes, conllevan un mayor número de procesos metabólicos apara su digestión, lo que provoca ciertos olores. Con la fruta y la verdura el problema disminu-ye, al ser más fáciles de digerir. Se recomienda una dieta rica en fibra con abundancia de verduras crudas y de agua

Los problemas digestivos que pueden ocasionar el mal aliento tienen curas diversas. Una de ellas es la cura de melocotones, los cuales son bien tolerados por el estómago y pueden facilitar la digestión.

La manzana asada o en compota es una de las frutas más digestivas y provoca una abundante secreción de saliva. Excita las glándulas del intestino y para los estreñidos constituye la fruta ideal, toma-da entre las comidas y como postre.
El jugo de granada, en gárgaras y enjuague bucal se recomienda para la candidiasis y mal olor debido a garganta irritada y problemas intestinales.
Los higos, además de ser muy digestibles y nutritivos, tienen una acción laxante suave y segura.
El régimen vegetariano estricto es una verdadera cura de desintoxicación, disminuye la tasa de ácido úrico en la sangre y favorece las contracciones intestinales. Llevar a cabo una alimentación que ac-túe sobre el exceso de acidez es otro de los remedios sanos para nuestros problemas digestivos, futuros causantes de la halitosis.

• Si el mal aliento aparece y desaparece, piense en la comida ingerida hasta 2 horas antes.
• Evitar cualquiera de los alimentos estimulan la halitosis: alimentos muy aromáticos de sabores muy fuertes, como el ajo y la cebolla, beber alcohol, así como el consu-mo habitual y excesivo de alimentos ricos en proteínas y en grasas estimula la hali-tosis
Una de las causas más comunes de la halitosis es la comida que ingerimos. Durante la digestión, de-terminados alimentos forman vapores sulfonados que entran en la sangre, llegando hasta los pulmo-nes. Los pulmones, aunque parezca extraño, también son fuente de problemas para el aliento: la res-piración puede “transportar” los vapores sulforados que se forman durante la digestión, llegando a los pulmones a través de la sangre. Durante el acto de la respiración estos vapores se eliminan al exterior transformándose en mal aliento. Un ejemplo de ello es la sensación que experimentamos después de ingerir alimentos como el ajo, la cebolla o el pepino. Estos pueden permanecer hasta un día en nues-tra sangre, tiempo durante el cual se puede usar un enjuague bucal para enmascarar el mal olor o chi-cles especiales de efecto duradero, normalmente de clorofila. Otros alimentos como las coles de Bru-selas, el pepinillo o el brécol, y bebidas como el café o el alcohol, pueden provocar estos problemas, así como los manjares muy condimentados, con un alto contenido en grasas y en sulfuro. La solución para el ajo y la cebolla es simple, basta en cocinarlos. Pero todavía existe un remedio más efectivo, aunque radical: controlar o evitar la ingesta de este tipo de alimentos.

Evitar los edulcorantes como la sacarina, aspartame y aromas “naturales” sin espe-cificar. Vigilar edulcorantes dudosos como el jarabe de maíz, es mejor el jarabe de arroz o la miel.

ZUMOTERAPIA

El régimen de zumos de frutas dulces y hortalizas de todo tipo -salvo espinacas-, en particular de zanahoria, remolacha, apio, berro, pepino, tomate y col. También el zumo de patata, papilla de harina de linaza y los diferentes tipos de leche vegetal y ani-mal, tienen una excelente acción sobre la hiperacidez.

Los zumos de frutas ácidas (naranjas, pomelos, fresas...) y de verduras pueden ser envueltos en papilla, gelatina hecha con pectina, agar, papilla de trigo integral o sua-vizados con nata y leche de almendras. Los zumos de frutas dulces (uvas, plátano, man-zanas rayadas, eventualmente melón) pueden ser soportados en estado puro.

OTROS TRATAMIENTOS

Aromaterapia.- La mirra, preparada como elixir bucal, ayuda a mitigar el mal aliento.
Remedios populares.- Gárgaras con una solución de bicarbonato y agua.

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